Esa fuerza que te hace entrecerrar los ojos y abrir el corazón
que te hace buscar refugio pero no dejas de ver a la ventana, porque
sabes que ese ser, sin ser, está fuera y tiene fuerza.
Esa fuerza que alborota a los árboles, que camina llevándose
a las nubes a otras tierras, a otros ojos.
Esas marchas plagadas de bufandas y de abrigos y de manos entre los
bolsillos pero que al final lo que quieren es asirse de esa mano amiga que
comprenda que todo está bien porque el viento es sabio y sabe lo que hace y sabe
lo que quieres y lo que necesitas en ese momento, en ese momento
de correr hacia un farol y verlo,
ver que la luz se quiebra en ese punto inmediato
en que las ráfagas cruzan la línea entre lo real y lo fantasioso.
Ese viento que baila con los cabellos, los compone, los enhebra
y los hace tejerse en un chal eterno, llevándose las lágrimas y dejando las sonrisas
de complicidad porque te acercas a tu acompañante, bien sea real o no,
bien seas tu o no.
Eres las partículas de oxígeno, eres ese milímetro de energía que recorre
las espaldas de los valientes que caminan por las calles en busca de la
adrenalina de retar al ser misterioso y fuerte y visto sólo cuando reacciona
ante los demás,
VIENTO, SOMOS VIENTO.
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