sábado, 31 de enero de 2015

Musa de melena de fuego.

Y si uso tu cuerpo es porque me dejaste hacerlo,
escribir sobre lo que veo en ti es permitirme
vivirte, desde lejos, desde la distancia de los cuerpos y
desde la ventana de la melancolía.

La música que sale de tus ojos, la comisura
de tu boca queriendo decir algo, según yo, pero
ya todo lo has dicho, lo que fue para mi ya fue dicho.

Y si las gotas de lluvia de aquella noche siguen hoy resonando
en mis oídos es porque mujer, me dejaste tu esencia y sobre ella vivo.

Como una hoja que vuela por los aires, fui a posar en tu espalda
y de allí me desprendiste cuando el tiempo fue oportuno.

Ni más ni menos tiempo pero hoy, sigo en ti, o tu en mí.

Más tus manos siguen recorriendo y caminando en mi vientre
en mi estómago que se eriza y que se mueve, a tu antojo.

Seguimos, plural e individual.
Nuestra fue la noche y nuestra la mañana.

Si fue realidad o no, eso no me importa.

Fuimos y eso es suficiente para seguir llevando oxígeno a
las letras que no paran de nacer desde ese lugar al que llegaste
al que llegamos, en la memoria del tiempo, irreal.

Y es así como se siente conocerte, a tientas, a media luz.
No me digas quién eres, mantengo tu sonrisa y tus sonidos
y con eso, vivo un poco mas.


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