De los recuerdos que tengo de los 24 de diciembre es ir y visitar a mis dos abuelitas, ambas tan alegres, ponche en cada casa, tamales, y los adornos musicales en el Nacimiento que mi abuelita Irene siempre ponía. Cuando veo esos pajaritos saltando por las banquetas, los árboles, pienso en el espíritu aventurero y jovial de ella.
El olor a guayaba en la casa de mi abuelita Caty nunca lo olvidaré, cada vez que ese sabor abriga mi lengua, la siento decirme "come todo lo que quieras, lo importante es que te guste".
La imaginación y la fuerza de guerreras, la determinación y su entusiasmo, el coraje y su enérgica vocación a amar.
Esa es mi época navideña.

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