Amarte es, relativamente sencillo. La luz que sale de tus ojos es suficiente como para poder llegar a imaginarse el bosque de otoños claros detrás de tus castaños y vivos ojos.
Conforme las conversaciones se fueron haciendo parte de nuestra rutina, las risas y su eco como música principal, el corazón me lanzaba alertas, que no quise ver, sólo me limité a sentir. Grave error.
Cosas y quizás alguno que otro rito cambió. Es decir, me preparaba para verte, eso era nuevo. Mi apariencia no me importaba mucho pero contigo fue diferente, quería impresionarte y darte mi mejor versión.
Retoque en el espejo, perfume, ropa planchada, zapatos limpios. Uñas pulcras, reloj colocado estratégicamente. Estar al pendiente de tiempo para cruzar palabras, en vivo o por teléfono.
Hubo una ocasión, sentía que era el momento justo de decirte que, pues que las cosas habían cambiado. Tú te me adelantaste y me dijiste que debías decirme algo importante, que cambiaría tu vida. Creí que hablábamos de lo mismo y te dejé hablar. Conforme las palabras fueron saliendo de tu boca, de mi ser iba saliendo un hilo de metal que llevaba mis entrañas y mis sesos. Me decías que estabas emocionada por haberle conocido, que esperaste un tiempo y luego te atreviste a invitarle a salir, este aceptó y de allí no han podido separarse ni un momento.
Siento celos, pero no me permito demostrártelos, no puedo hacernos eso. Escucho cada día las historias que te suceden con ese ser, ese que pudo llegar a tu corazón antes que yo.
No le deseo el mal, al contrario, quiero que todo sea bueno para que tú nunca sepas lo que duele ver caer los pedazos de un amor que se creía era de ambas partes.
Cuando charlamos, imagino que él soy yo, imagino mis labios recorriendo tu piel, mis manos acariciando las tuyas. Despertando contigo a cada mañana.
Y así, paso los días, como una sombra amorfa pero paciente, quizás algún día y...
entre lapiz y papel virtual, intento expresar y darle vida a los demonios que me definen, que me alimentan.
sábado, 16 de enero de 2016
martes, 7 de julio de 2015
Vino
El viento moviendo las hojas de los árboles, un tronco
estático con ramas bamboleando por doquier.
Una botella de vino vacía sobre la mesa y los días siguen
igual. No, no saldré hoy, mis pies desconocen caminos y el miedo azota la
puerta. Los pocos rayos de sol que entran queman de a poco, sigo el camino que
llevan, desde el suelo hasta la ventana. Muevo mi ubicación y el sofá es mi
refugio, unas revistas amontonadas en el suelo y los libros tapizando una de
las paredes, no puedo seguir así.
Afilo la punta del lápiz e intento escribir con lujo de
detalles lo que anoche sucedió. Recuerdo poco, invento menos y maquino ese
momento, cuando entraste tan fresca y sin remordimientos, sabias lo que habías
hecho pero aun así te sentaste y pediste el vino más caro, quesos y jamones. No
viste cuánto te vi. Te veías radiante pero había una nube de desconsuelo, tu
mano temblaba cuando sostenía la copa y la bebías a sorbos pequeños, tus ojos
distaban de la realidad.
Veía jugar a tus dedos sobre la mesa, no tenían ritmo,
querías olvidar.
Me inquieté cuando buscabas algo en tu bolso, lo cojiste
como si quisieran robártelo y viste a todos lados, lo abriste y algo te
tranquilizó. Me puse de pie y me senté frente a ti, no articulaste palabra
alguna y me suplicaste con la mirada que no dijera nada. Tranquilo te complací
y me serví un poco de vino. Pasados varios minutos te dije que fuéramos a otro
lugar, sin chistar te pusiste de pie dejando el dinero de la cuenta y una muy
buena propina.
Caminamos unas cuadras en silencio, apretabas tu bolso. Camine
a tu lado y nos dirigimos a mi casa. Sabias bien el camino. Te sentaste en el
desayunador, colocaste tus cosas muy cerca de ti, incluso el abrigo. Serví unos
tragos y los bebimos en silencio, yo estaba viendo hacia la ventana que cubría
una de las paredes, la ciudad dormida daba un poco de tranquilidad. Comencé a
desvestirme. Observaste cada uno de mis movimientos y te uniste al ritual. La desnudez
es la ropa de la sinceridad. Di unos cuantos pasos y me puse en cuclillas, besé
tus pies, tus tobillos, tus muslos fueron acariciados con estricta
religiosidad. Subí hasta tu abdomen, no te moviste de lugar. Apreté tus senos con
mis manos y me bebí el néctar de tu piel, jamás me acerqué a tu boca. Tu cuello
fue mi destino predilecto, lo mordí y mis colmillos se clavaron en tu piel,
pude sentir el sabor a sangre que goteaba. Abrí tus piernas con las mías y
entré en ti, violentamente, vagamente hiciste algún sonido. Sujeté tus manos y
mantuviste los ojos cerrados. El tiempo se hizo eterno y no quería salir, me
sentía a salvo dentro de ti, quería que durara para siempre, aún si una única
noche fuera para siempre. De a poco me alejaste, me besaste todo el cuerpo y me
quemaba tu piel, acaricié tu pelo, tu espalda, tus manos, estar de pie fue lo
mejor. Sin darme cuenta nos fuimos al sofá, te sentaste sobre mí y tus caderas
fueron el ritmo de una canción jamás escuchada. No pude resistirlo y te besé,
mordí tus labios y fue lo último que recuerdo de ti.
Busco en medio de la sala algo tuyo, sólo el viento me
acompaña, de nuevo.
lunes, 1 de junio de 2015
Noche de luna
Cuando las hojas de los árboles
dejaron de caer pude salir de casa. Era
una mañana fresca, recién lavada por el viento. Cogí mi abrigo y me enrollé en
la bufanda. De vista frontal podía ver las montañas que me han acompañado desde
la infancia. A lo lejos se dejaba ver una construcción semejante a una iglesia.
Alta y blanca, dudo mucho que fuera una casa.
Ana se marchó hace poco, la ropa
que dejó aún tiene su olor. Sigo preparando café para dos. Despierto y creo
verle, hasta incluso la he escuchado en la biblioteca en donde las horas se le
iban como agua cuando se empeñaba en hacer sus investigaciones. –No me parece
justo que teniendo los recursos bibliográficos, no los mencione o los cite en
las investigaciones. Tu carácter terco quizá fue lo que me enamoró, no lo sé.
Hablabas con voz que no
necesitaba elevarse para hacerse escuchar. Movías las manos frente a ti y los
demás de la mesa no quitaban sus ojos de tu boca, de tu ser. Hablabas de cine
alcancé a escuchar, de cómo el papel de las mujeres sigue trayendo consigo la
etiqueta de sumisa y de que si obtiene un papel fuerte el premio se lo dan al
director por haberse arriesgado a tan aventurada decisión. Había luz en ti, aún
siento el calor de tu cuerpo. Seguí yendo a ese café, era el punto de la rendez-vous con mis colegas, juntos
teníamos el proyecto de revisión de cuentos infantiles. Cuando ambas nos
pusimos de pie para ir a traer más café, las fuerzas del universo o lo que
fuera que haya sucedió en eso momento, nos llevó a vernos. Las conversaciones
triviales en la barra de los cafés no se hicieron esperar y como si ya esperase
eso respondí a tu pregunta. –Sí, lo prefiero solo, negro, para poder sentir el
verdadero sabor (mi intolerancia a la lactosa tampoco es un hecho de dominio
público). –Con un poco de leche y canela y tendrás una mezcla casi perfecta me
respondiste.
Nos saludábamos como viejas
amigas cuando nos veíamos, cada una en su mesa y a sus actividades. Debo encontrar qué hacer con tus ropas. Eventualmente
comenzamos a hablar, a llegar antes y compartir la mesa y así descubrimos que
casi nos conocemos antes cuando ambas viajamos al interior.
Sabes, nunca te dije que muchas
noches despertaba con miedo, salía al corredor y veía hacia el cielo, pasados
unos minutos despertaba y volvía a la cama. –Vamos, déjame ver, en serio,
quiero ver tu tatuaje, no, no me reiré. –Está bien pero no acá. Así empezó
todo.
Noche de cine clásico en tu casa.
Era una construcción peculiar, patio interno y las habitaciones alrededor del
corredor. Una cocina impresionante. Un jardín en la parte trasera se llevó mi
atención completamente, tenía una decoración única, una caída de agua que
pasaba por las piedras y las plantas colgantes daban un aire de frescura.
Soul, R&B, Jazz, vino,
quesos, embutidos. Cine, conversaciones, libros, miradas, acercamientos, noche
estrellada, pantalón azul, cinturón, sueter color zapote, zapatos café y blusa
azul.
Las llamadas no tardaron en
llegar, el campo de entrenamiento había cambiado y las estrategias ahora eran
otras. Te llamaba para quedar para el almuerzo, me llamabas y me contabas los
líos en la oficina por uno u otro documento. Unas cajas bastaron para llevar
mis cosas a tu casa. Ir a hacer la compra fue un reto, mi gusto por la comida
no ha ido tan complicado, cereal-café-chocolate, las 3 c´s básicas en mi dieta.
Viajes, vacaciones, reuniones con amigos, juntar a todos fue todo un reto.
Sentí calma, hace mucho tiempo
que no a sentía. Podía respirar tranquila. Cuando me regalaste la bufanda creí
que había muerto y que estaba en el cielo. Gracias.
Los síntomas fueron silenciosos, eso ayudó a que la enfermedad se propagara
con mayor facilidad. En algunas ocasiones te quejabas mientras dormías y
entonces me acercaba a ti, te acurrucabas en mi hombro y dejabas que Morfeo
hiciera bien su trabajo. El doctor dijo algo que aún hoy escucho con la misma
voz pastosa de ese entonces: 2 meses o 1 año, es una enfermedad curiosa.
Sentí rabia, no contra ti, contra
todo el mundo menos contra ti. Tú lo tomaste como quien escucha llover, salimos
y fuimos a tomar un café. Creo aún que estabas en negación pero en el auto me
viste a los ojos y me dijiste: no somos eternos en esta presentación, luego
seremos estrellas, árboles, viento, aromas. Seremos todos los recuerdos que hoy
y ayer construimos.
Quiero tu valentía, salgo al
patio y quiero de nuevo escuchar tus palabras seguras, tan carentes de duda y que
me sostenían en medio de este mundo.
domingo, 3 de mayo de 2015
Heartless
Del dolor del corazón poco podría
decirte, no es como si fuera la primera vez que me duele pero se siente
diferente.
Siento que mi pecho se contrae,
como queriendo decir algo, como si algo detro de mi se aferrara a mis entrañas,
quizás miedo a salir de nuevo, ¿sabes? Como si l bicho que llevo dentro ya se
acomodó y aún sin saber cómo llegó, allí ya hizo su hogar.
En otras ocasiones, cuando mi
corazón daba señales, yo me llenaba de negaciones y justificaciones que
tontamente sólo retardaban el dolor.
Mis manos tiemblan mientras intento
explicarte esto, miedo o euforia, todavía no lo sé.
Recuerdo un día estaba soleado. Desperté
como a las 8am y revisé mi teléfono celular (como lo hago todas las mañanas) y
vi tus mensajes. Me alegré mucho. Conforme iba leyendo mi cuerpo quería salirse
de sí mismo; mis pies inquietos exigían corroborar lo que mis ojos leían. “Sin ti-Adiós-Supéralo” son cosas que no
se olvidan.
Después de leerlo me quedé un
rato más en la cama. La vista perdida en la gotera del techo. Ana se despertó y
se sorprendió al verme así. Pasa su mano por mi pecho pero no quiero sentirla,
la alejo pero ella insiste y baja la mano a mi entrepierna, conoce muy bien mi
talón de Aquiles y juega un rato con mi cuerpo. Siento cómo se mueve en mi
parte baja y sin mucho esfuerzo termino en su boca. Se vuelve a dormir y
mientras me pongo de pie me limpio con una playera que estaba en el suelo.
Enciendo un cigarro mientras voy
a la cocina, la vista desde la ventana me tranquiliza. A lo lejos hay una línea
de tren y paralelo se escurre una carreta
muy poco usada. Café a sorbos, dolor, cigarros, la punta de los dedos llevando
un ritmo acuoso sobre la mesa. “Sin ti-Adiós-Supéralo”
Regresa el dolor en el corazón o
en el pecho o en el tórax o en la cabeza. Se ha extendido a todo el cuerpo
semidesnudo. Me abrazo y mis manos en mis hombros quieren juntar mis omóplatos.
Hay un desierto y mis dunas duermen casi muertas. Flashbacks de tus besos,
compartiendo un cigarro en la acera, conduciendo sin destino, la cinta en la
casetera. Otro café y mucho ron, el brazo de Ana cuelga fuera de la cama, ronca…no
como tú. Pasa un tren, las ventanas llenas de rostros, ajenos a lo que sucede
en mí. Me masturbo pensando en ti; lloro, rio, vomito. El dolor en el pecho no
se marcha.
Busco mi pantalón y cojo una
camisa, en la puerta del apartamento descubro que no llevo zapatos, regreso a
traerlos y camino. Poca gente hay por las calles, a pesar de ser un día
soleado. Te busco en donde se que no estarás, te llamo sin voz esperando
respuesta tuya. Doblo la esquina y hay un anuncio publicitario. Se ve sólo la
nariz y la boca, hasta el cuello. Me detengo cuando reconozco tu barbilla, es
única, es tuya. Siento escuchar aquella canción y la brisa de tu voz
acariciando mi oído derecho. Pronto, una avalancha metálica parece quebrar mis
rodillas, unas llantas derrapando y gritos.
El dolor del corazón se ha
desvanecido. Me siento flotar y escucho un llanto, es Ana; cierro los ojos. “Sin ti-Adiós-Supéralo”
viernes, 27 de marzo de 2015
Azúcar morena
Camila no pretende detenerse, ya
lo ha hecho antes y no soportó el martirio de sus voces interiores
recordándoles su misión, una de tantas al final de cuentas.
Se arregla el cabello frente a un
auto estacionado, se revisa el maquillaje y se acomoda el bolso cruzado sobre
su pecho. Revisa que en los bolsillos lleve su móvil y las monedas para el autobús.
“sólo hazlo, sólo hazlo” se repite en cada paso.
-Hola Camila, ¿lo de siempre?, le
pregunta José, el compañero de sus cafés matutinos. Le coloca el sobrecito de
azúcar morena como a ella siempre le gusta, no siempre lo bebe dulce pero le
gusta saber que tiene la opción justo al lado de la taza.
Al sacar su agenda voltea hacia
atrás, evalúa el escenario, ha mentalizado tantas veces los supuestos sucesos
que cree que ya todo ha ocurrido y que lo de hoy es un recuerdo más, pero hoy
es diferente, totalmente diferente.
Se sube el cuello de la chaqueta,
respira hondo y bebe el último sorbo del
café. Abre su bolso y saca su arma, dispara a su derecha, hombre caucásico de
45 años, impacto en la sien izquierda, muerto en el instante; disparo al
frente, mujer de 47 años, impacto en medio de los ojos, cae su cuerpo frente a
su acompañante.
El momento fue el mejor, los
demás comensales salían en ese instante, cuando la banda de la escuela pasaba
en la calle y los bombos se alinearon a las dos únicas descargas.
José no sabe lo que ha ocurrido,
se queda inamovible y ve con angustia y con desilusión a Camila, mientras ella
ya ha guardado el arma, la misma que dentro de 20 minutos estará en el fondo
del rio.
Noticia de última hora, ataque armado perpetuado en un café del centro;
ambos funcionarios públicos que tras una larga carrera en la política se les ha
vinculado con la desaparición de 34 menores de edad víctimas de trata de
personas. A este acto se le suman otros en donde el modo de operación es el
mismo. Quizá nos encontremos en estos momentos ante una ciudadana con aires de
justiciera.
…aún no se si deba agradecerle…
lunes, 16 de marzo de 2015
En la noche
La rebanada de felicidad que
queda habitando el filo del cuchillo, cuando el tiempo se ha terminado, cuando
el reloj ha marcado una hora y debes marcharte.
Coges la ropa del suelo, ajustas
los tirantes del sujetador y ves el dinero en la mesa; dinero arrugado y ahora,
con sentido. Te acomodas las medias, los zapatos, no miras hacia atrás, es lo
de menos.
El frío del viento hace recordar
que es el mes de diciembre y las luces en los árboles no te dejan olvidar que
es un mes de fiestas y de alegría superfluas. Las familias saliendo a comer
juntas, las niñas de las manos de sus padres y los niños saltando cerca de las
fuentes. Vitrinas llenas de ofertas y nieve artificial.
-Cariño, llegaré tarde.
-Amor, pero creí…..
-Pero es que me he liado en la
oficina y…..
-Bueno, a por ello, te espero.
Hola, y tú…vienes acá muy
seguido? Frase ya muy gastada, creo que intentan ser sutiles. Saben a lo que me dedico y saben
a lo que vienen. No hablamos de dinero, esto es diferente. Bebemos, platicamos,
no me gusta ir al grano tan rápido.
Unos vodkas y cigarrillos luego y
estamos en el hotel a unas cuadras de distancia, le guiño el ojo a J y el
sonríe de medio lado.
No quiero saber su nombre, el mío
tampoco es importante. Me acomodo en el sofá, espero a que se siente en la
cama, que se desnude, que desnude su alma, le veo y me detengo en su pecho,
crece conforme respira, ahora ya más calmadamente.
Me acerco y beso su cuello, mis manos
en su cintura con la presión suficiente para que se recueste.
–No cierres los
ojos-
Sostenida con sus codos, tiene
primera fila para el show. Acaricio sus piernas de los tobillos a sus caderas,
afiladas y delicadas, carnosas y tibias. Su vientre está a punto de reventar,
su entrepierna es un mar y soy un bucanero iracundo. Vamos, tus playas serán
conquistadas y ondearé mi bandera en tu territorio. Veo tus ojos entrecerrarse,
pero debes verme, veme bebiendo tu zumo, acariciando tus frutas.
Siento perfectamente cuando tu
clítoris cambia de tamaño, clara muestra del juego entre mi lengua y tus
tesoros.
-Aún no cierres los ojos-
Sigues en la misma posición y me
siento sobre ti, me muevo a mi ritmo y te gusta el oleaje que choca con las
rocas. Tu barco está a punto de encallar y sueltas otro alarido, aprietas tus
manos a mis caderas, a mis muslos.
Mientras duermes veo tu cabello en
la almohada, me acerco a escuchar tu respiración, me gusta el olor de tu piel.
Quiero pero….se que no puedo querer, no ahora.
Al despertar ves el café en la
mesa y me ves bebiéndolo tranquilamente, la alarma ha sonado y el tiempo llegó
a su final, dúchate si gustas pero pronto, debes irte.
Me alquilo para soñar, me presto
por instantes y les permito que me sientan de a poco, mi piel es su piel y mis pensamientos son suyos, de acuerdo a la
tarifa.
Salgo y tomo un taxi, voy hacia
el lago a las afueras de la ciudad, veo que el sol ha caído totalmente y el
parpadeo de la noche navideña abriga muchos hogares, en donde han soñado
conmigo en más de una ocasión.
miércoles, 4 de febrero de 2015
Ser sin ser
Una noche helada, el viento presente con las cortinas bailando en las ventanas.
Charla de horas en donde las tazas de café y los cigarros se consumen lentamente.
Hablando de los sueños y de los propósitos que tenemos en este mundo de mil colores.
Voy a lavarme la cara para poder seguir despierta, la conversación realmente me interesa.
Veo en el espejo un rostro que no es el mío, es muy parecido al mío pero tiene unos párpados
diferentes, el cabello está hacia otro lado y mis ojos gritan pidiendo auxilio.
Regreso a la sala y T ha mutado, no soy la única.
Sus cejas han caminado hacia su frente, sus ojos se han hundido. Su cabello
es otro. Pero se que sigue siendo ella.
Las persianas se apresuran contra el vidrio y al sentarme siento que mi cuerpo
se va hacia atrás, sin moverme de lugar.
Cojo un cigarrillo y siento el humo segundos antes de encenderle.
El tiempo se ha perdido en un lugar paralelo y T sigue siendo T sin ser T.
Despierto y veo que tengo mis propias manos, soy yo de nuevo.
T llama por teléfono y me pregunta si puede venir a mi casa a tomar café, que
hace mucho tiempo que no hemos hablado.
Me veo en el espejo, y ahora soy otra, otra vez.
Charla de horas en donde las tazas de café y los cigarros se consumen lentamente.
Hablando de los sueños y de los propósitos que tenemos en este mundo de mil colores.
Voy a lavarme la cara para poder seguir despierta, la conversación realmente me interesa.
Veo en el espejo un rostro que no es el mío, es muy parecido al mío pero tiene unos párpados
diferentes, el cabello está hacia otro lado y mis ojos gritan pidiendo auxilio.
Regreso a la sala y T ha mutado, no soy la única.
Sus cejas han caminado hacia su frente, sus ojos se han hundido. Su cabello
es otro. Pero se que sigue siendo ella.
Las persianas se apresuran contra el vidrio y al sentarme siento que mi cuerpo
se va hacia atrás, sin moverme de lugar.
Cojo un cigarrillo y siento el humo segundos antes de encenderle.
El tiempo se ha perdido en un lugar paralelo y T sigue siendo T sin ser T.
Despierto y veo que tengo mis propias manos, soy yo de nuevo.
T llama por teléfono y me pregunta si puede venir a mi casa a tomar café, que
hace mucho tiempo que no hemos hablado.
Me veo en el espejo, y ahora soy otra, otra vez.
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