Sin tacones baila libremente, sus medias abrazan a sus piernas y la falda ponía una tilde a sus caderas.
El cuello blanco en una blusa de cuadros, quiero perderme en ellos.
Unos brazos finamente torneados.
Lunar en su mejilla derecha y me he distraído totalmente.
Sus palabras son ríos que se cruzan y se pierden entre los árboles de las dudas.
Sabe lo que quiere pero no sabe pedirlo.
Su mano en mi cintura, es una invitación.
Sus ojos grandes clavándose en los míos como anclas en el puerto.
Su cabello es de seda y huele a cielo.
El invierno y sus abrigos, el negro le queda bien.
España, Valladolid.
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