Soy Don Segundo Entrando, camino de la mano de mi madre pero solo se me permite porque soy un chiquillo.
Cuando crezca debo ser como mi abuelo y como mi padre, dos hombres fuertes y corpulentos, exitosos en los negocios y siempre cumplen lo que dicen.
Tendré dos mujeres, una será mi esposa y otra, será la de los fines de semana o cuando me sienta aburrido.
No se me tiene permitido llorar, ni siquiera es una opción.
Podré correr sin camisa, debo poder beber bien, tragos fuertes, de hombre. Me rascaré la entrepierna en señal de mis dominios y a las mujeres podré verlas con desgano si es que se me place.
Antes de que se atrevan a decirme algo yo primero gritaré. Tengo siempre la razón y aún si mis palabras no están de acuerdo a mis acciones, no debo admitir mis errores porque un hombre de verdd, uno que se respeta, no se equivoca.
Si quisiera expresar mis sentimientos solo puedo expresar los de ira, los de enojo y los de extrema alegría. No se me permite ser sensible y debo moler a golpes a los demás para que vean quien manda.
Si permito que una mujer me levante la voz, pierdo mi hombría.
Éstas y más ironías se las encuentra en la vuelta de la esquina, en el asiento de al lado, en la tribuna y en las plazas, en lso templos y en las escuelas.
Tenés que leer Buenas Costumbres de Denise Phe Funchal
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